Depresión Infantil

La depresión es un estado de tristeza o apatía que se mantiene durante más de dos semanas y que afecta notablemente a nuestra calidad de vida.

Dentro de la depresión se distinguen el episodio depresivo y la distimia. Un episodio depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza acentuado, falta de apetito, dificultad para dormir, sentimientos de culpa y un sentimiento de inferioridad. Estos síntomas duran al menos dos semanas y no se deben a un duelo por la muerte o la separación de un ser querido. Un episodio depresivo es muy doloroso, y es importante combatirlo lo antes posible para evitar que se cronifique y que sea más probable un a recaída.

  En el caso de los niños la depresión a veces se da de forma enmascarada. El niño se muestra irritable, tiene rabietas recurrentes o incluso deja de relacionarse con su entorno. por ello, es importante estar atentos a cualquier signo que indique un cambio de comportamiento en nuestro hijo, para así intervenir lo antes posible.

   En el caso de los adolescentes, tienden a tener una sensación de acortamiento del futuro, donde sienten que lo que está por venir va a ser especialmente negativo. Además, tienden a autoevaluarse negativamente, por lo que su autoestima suele verse gravemente afectada.

  La distimia es un estado de ánimo triste o apático crónico. La tristeza es menos intensa, pero se mantiene al menos durante dos años. Los síntomas son un estado de tristeza casi todos los días acompañado de desesperanza, apatía, fatiga, baja autoestima, dificultad para concentrarse y falta (o exceso) de apetito.

  Combatir la distimia es un tarea dura, ya que al cronificarse se vuelve parte de la forma de ser de la persona, la cual puede incluso parecer olvidar cómo era antes de estar tan triste. Por ello un intervención temprana y un proceso terapéutico son imprescindibles. Tanto la depresión como la distimia se combaten a través de la realización de actividades, de actividades sociales, de apoyo por parte del entorno, reestructuración cognitiva y terapia interpersonal. En el caso de los niños y adolescentes lo más eficaz es fomentar actividades agradables, y trabajar conjuntamente con los padres la comunicación emocional.

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